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Oscar Galíndez, el hombre de hierro

A los 44 años, es el interminable exponente de un deporte que requiere entrenamiento y corazón. “En el país hay talentos, pero no se trabaja con juveniles”, dice quien fue noveno en el Ironman de Buenos Aires en el que debutó su hijo Thomas.

El traje de hierro pintado de rojo y dorado que caracteriza a Iron Man, el superhéroe, no le quedaría para nada grande a Oscar Galíndez. Es que el triatleta argentino multicampeón, a poco de cumplir sus 30 años de trayectoria en este deporte, no para de ser ejemplo de las generaciones que lo sucedieron y el domingo fue noveno -y el segundo mejor argentino- en el Ironman de Buenos Aires, en Tigre.

“El sueño de cada triatleta es que llegue a su país un Ironman. Si bien Argentina demoró un poco en traer la competencia, creo que se dio en la época correcta. Se apostó a un proyecto a largo plazo y será el puntapié inicial para cosas mejores”, analizó el cordobés.

Para Galíndez, la competencia tuvo un tinte especial, por haber sido el debut de Thomas, su hijo de 19 años. “Siempre es bueno poder correr junto a él. Para mí es importante el legado que yo le puedo dejar. A pesar de que vivimos en Brasil, somos de acá y fue lindo correr acá”, le explicó a Clarín.

Para el triatleta nacido en Río Tercero, el romance con el deporte comenzó a los 8 años con el atletismo. Pero el programa televisivo “El deporte y el hombre”, de Pancho Ibáñez, flechó a Galíndez con imágenes de triatlón y generó un amor para toda la vida. “A la Argentina, el triatlón llegó en 1983 y yo me empecé a dedicar a ese deporte tres años más tarde. Siempre digo que soy el atleta profesional más ‘viejo’ en la actividad”, soltó entre risas.

A la hora de contar la receta para realizar esta exigente disciplina, Galíndez la resumió en pocas palabras: “Pasión. El tema es ir a la esencia. Hay muchos que empiezan y a los dos o tres meses abandonan porque es muy duro. Hay que tener constancia e ir pasando por etapas. Salir a hacer triatlón no es ir a mostrar el colorido de la vestimenta del deporte”.

 

-¿Qué te motiva a los 44 años a seguir compitiendo?

-En cuestiones más superficiales, me motivan los números. Este año cumplo 30 años de trayectoria. Completo las tres décadas y listo. Por otro lado, mi hijo también es una motivación. Lo veo entrenándose y me pregunto por qué yo no lo puedo hacer. Eso me impulsa a seguir.

 

-¿Cómo evaluás el momento del triatlón argentino?

-Gracias al ENARD, hoy los atletas tienen más apoyo que en mi época. Al que hoy pierde becas, le puedo decir que a pesar de eso recibió más plata de la que recibí yo con muchos títulos representando a la Argentina. Pero a nivel federativo, no mejoró casi nada. Hace falta una reestructuración general, porque está todo desordenado.

 

-¿Cuál es la prioridad para el desarrollo?

-La gente es muy exitista en este país, quiere resultados y los apoyos vienen atados a ese exitismo, porque si el atleta tiene un buen resultado, sigue el apoyo, y si no, se le corta. Sin embargo, hay buenos talentos, más que en Brasil, pero el problema es que no se trabaja con los juveniles. Hace falta inversión privada, porque no sé si el Estado está en condiciones de bancarlo todo. En Brasil, por ejemplo, en ciclismo y en atletismo nos llevan años luz. Tienen pistas por todos lados. Acá cuesta mucho conseguir una pista. Y cuando la tenés, te la pisotean con un recital o te la rompen con un auto de rally y no las arreglan. Hace falta mayor concientización.

 

Rocío García

 

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