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Las 'trampas' de un maratón histórico

La historia le recordará: antes se dudaba, ¿puede realmente un hombre bajar de dos horas en maratón?, ahora se sabe, sí que puede. El vigente campeón olímpico de la distancia, Eliud Kipchoge, se quedó ayer a 25 segundos de romper la última barrera del atletismo, pero evidenció que los límites de la humanidad están detrás de la misma. Para siempre será el atleta que cambió la mentalidad global, que desvaneció la utopía. Aunque su marca, claro, quedará también por los siglos entre paréntesis: no homologada por la Federación Internacional (IAAF). Los trucos que le proporcionó la organizadora del evento, Nike, expulsaron sus 42,195 kilómetros en el circuito de Monza de los límites de las reglas, pero sólo unos pocos fueron decisivos en su marca. De hecho, quizá sólo lo fue uno.

 

El coche marcador

Jordan Santos, investigador de la Universidad del País Vasco, estudia desde hace años las muchas variantes de la llamada economía de carrera y lo tiene claro: "El factor externo que más determinó el tiempo de Kipchoge fue, sin duda, el coche Tesla con pantalla gigante que tenía siempre unos metros por delante. El drafting o reducción de resistencia al viento que generaba pudo haber significado una ganancia de uno o dos segundos por kilómetro, es decir, unos 80 segundos en el total del maratón". Kipchoge, que empezó la prueba con dos compañeros, el eritreo Zersenay Tadese, y el etíope Lelisa Desisa, ambos desfallecidos antes del medio maratón, contaba en todo momento con seis libres en formación de flecha que iban entrando y saliendo, pero, según Santos, su ayuda, más allá del ritmo y la moral que aportaron, no fue tan importante: "Su labor en cuanto a protección contra el viento fue casi irrelevante".

 

Las zapatillas

La consecuencia más mundana de la gesta de Kipchoge será la presumible aparición en calles y parques de las zapatillas que utilizó ayer, las Nike Zoom Vaporfly Elite. Con una amortiguación exagerada y cierto efecto catapulta (por eso no son homologables por la IAAF), el fabricante estadounidense ha vendido que conceden por sí solas un 4% de mejora en la economía de carrera. Según Santos ese porcentaje no es traducible en la realidad. "Asumiendo que ese 4% sea real (no son datos públicos, habría que verlos) eso no se traduciría en un rendimiento un 4% mejor. Hay estudios que convierten una mejora del 5% en economía de carrera en sólo un 1,2% de rendimiento real. Por eso creo que la importancia de las zapatillas fue muy relativa para Kipchoge", comenta el investigador que recuerda que otros atletas de Nike que utilizaron las Vaporfly, como Galen Rupp, apenas notaron progreso: "Fuentes que las han probado hablan de una gran recuperación tras sesiones de alta intensidad, pero no de una gran mejora del rendimiento per se".

 

Los avituallamientos

El motivo por el que la marca de Kipchoge fue descartada en un par de horas por la IAAF no fue que completara 17,5 vueltas a un circuito de velocidad casi oval o que utilizara liebres variables, fue que los avituallamientos eran motorizados. Para evitar los pequeñísimos parones que los maratonianos deben realizar para recoger sus bebidas, Nike servía al keniano sus bidones en moto y esa práctica, sin opción a la interpretación, está prohibida por la normativa internacional. "Esa variante, como las zapatillas Vaporfly de las que hablábamos, la bebida de última generación Maurten y otros cambios que se realizaron, implicaron, en conjunto, una ganancia de 20 o 30 segundos como mucho", expone Santos que, antes de finalizar, reivindica: "Hemos de tener en cuenta que el factor principal del éxito de la iniciativa fue la elección del propio corredor. Kipchoge tiene acreditada una marca de 2:03.05 en el maratón de Londres, con un circuito nada ideal y en un día con ritmos inadecuados. Eso ya indica que en condiciones homologables óptimas (por ejemplo, en Berlín) podría ser un atleta de 2:02.10 o 2:02.20, es decir, por debajo del récord del mundo".

 

 

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